
Transparente o Ligeramente Teñida: El agua debe ser generalmente transparente o ligeramente teñida si se trata con inhibidores de corrosión u otros aditivos. Algunos sistemas utilizan inhibidores de color que le dan al agua un matiz suave.
Agua turbia u opaca:
Indica contaminación con partículas suspendidas, escombros o sedimento.
A menudo es un signo de corrosión, acumulación de incrustaciones o formación de lodos.
Agua de color oxidado (marrón/rojo):
Sugiere la presencia de óxido o corrosión en componentes metálicos, como tuberías de hierro o radiadores.
Un problema común en sistemas donde los niveles de pH son demasiado bajos o el oxígeno ha entrado en el sistema.
Agua negra:
Indica una acumulación pesada de lodos, a menudo causada por una combinación de corrosión y escombros.
El agua negra a menudo contiene magnetita, un subproducto del hierro oxidado, que puede restringir el flujo y reducir la eficiencia.
Agua verde:
Esto puede indicar la corrosión de componentes de cobre en el sistema.
Esto a menudo ocurre cuando los niveles de pH son demasiado ácidos o los inhibidores no están presentes.
Agua espumosa o aceitosa:
Sugiere contaminación con sustancias no compatibles o la presencia de aire y otros problemas en el sistema.
Enjuagar y Limpiar Regularmente:
Si el agua está decolorada o contiene residuos, enjuagar el sistema y añadir agua tratada fresca puede ayudar.
Usar Inhibidores:
Añade inhibidores de corrosión para proteger los componentes internos de la oxidación y la incrustación.
Inspeccionar Fugas:
El agua decolorada puede indicar fugas que permiten que el oxígeno o los contaminantes entren en el sistema.
Pruebas Regulares:
Prueba el pH y verifica si hay sólidos suspendidos u otros indicadores de contaminación durante el mantenimiento rutinario.
Mantener el agua limpia y correctamente tratada asegura una transferencia de calor eficiente, reduce el riesgo de daños y prolonga la vida útil del sistema de calefacción.